Una reseña de mi novela "La ineficacia de la muerte" de Juan Peregrina Martín, publicada en la revista literaria Quimera del mes de marzo, Editorial Balduque.
(Disponible en https://www.amazon.com/-/es/INEFICACIA-MUERTE-ZURLO/dp/8412767861 y en librerías de España)

Una aventura profunda
La rosarina Andrea Zurlo firma una novela ambiciosa, con diferentes capas que proporcionan entretenimiento, preocupación y un estilo definido por el ritmo narrativo.
Zurlo sabe bien medir las consecuencias de un libro en estos tiempos y añade al argumento de lo que podría ser una novela de aventuras únicamente, serios motivos para que tengamos en cuenta esta novela en una lectura y cómo no, en varias relecturas.
No teme la autora utilizar diferentes herramientas e incluso mostrarlas: acompaña a cada capítulo de la novela un título que es una frase que se inserta dentro de esa misma sección. Podemos hablar de flashforward estructural; podemos nombrar como variante del clasicismo (aquellos títulos como “De donde el autor cuenta que…»”, “En donde se da cuenta de lo que el personaje…”) o quizá la modernura nos lleve al término spoiler, pero si especificamos, no lo es: puede contener información, como así sucede, de lo que vendrá —FF, variante y añado: irrupción— e irrumpe en nuestra mente como pieza paratextual que, además, nos crea unas expectativas y estamos deseantes de leer el siguiente, así que empezamos con un elegante e inteligente formalismo —nada oculto— que nos resuelve la papeleta —a medias, por supuesto— de enfrentarnos a un número que nada o casi nada, aporte.
Si alguien describe como Zurlo lo hace, lleva ganada la mitad o más de la carrera: no pierde el tiempo, es económica, protege datos que nos remitirán a futuras hazañas de los personajes y cómo no, la minuciosidad y la delicadeza detallistas, irán construyendo de a poquito, impactos en nuestra lectura, pequeñas y organizadas explosiones de colores, visiones, elementos oídos… que conseguirán el difícil arte de que la lectura nuestra empatice con dichos protagonistas y antagonistas.
En la novela aparecen mujeres independientes, hombres de poder casi ilimitado, drogas inteligentes, muertes, dispositivos integrados bajo la piel, incendios, vanidades y teléfonos móviles: Zurlo conjuga todo con una cadencia endiablada y rauda.
Los diálogos son extensos, productivos, hacen avanzar la acción y nos revelan cómo son los personajes mediante palabras, gestos en las acotaciones y reacciones al otro.
La crítica a la tecnología como sustituto de la realidad es constante: esa realidad está formada por las relaciones sociales que conllevan amor, familia, amistad, trabajo… lo que puede conllevar alegría, dolor y emociones verdaderas y sentidas. Así, el resto de alternativas serían modos de doparse ante lo que pudiera venir proveniente de las demás personas. La novela se convierte en herramienta útil para defenderse de un posible futuro, el que viven las protagonistas, ese tiempo que puede llegar en breve en el que las máquinas lograrán sustituir hasta ese estado de calma absoluta, ese reposo total que sería la muerte; de ahí la ineficacia denunciada por la autora: ni siquiera podremos encontrar paz en la nada.
La reflexión sobre la niñez habla del abandono y la soledad sin figuras maternas y su esclavismo. Curioso que una novela con trazas de ciencia-ficción, convoque hallazgos de toda la vida: la literatura como medio de hablar de las personas, de sus debilidades y roturas y cómo no, de los libros que nos sirven para comprendernos, conversar en silencio y soledad —otra vez— y decidir el mejor camino: ser decente o tener poder.
Lo que consigue Andrea Zurlo es detener el trasiego mental que llevamos incrustado en la prisa fenomenal que poseemos y hacernos pensar, meditar y concluir que no todo está dicho, que aún pueden escribirse libros que nos «desnuquen» y que por mucho que leamos siempre habrá unas páginas que nos satisfagan tanto creativa como personalmente.
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